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jueves, 11 de noviembre de 2010

Terminá su ciclo en este mundo descanse en Paz

Muere sacerdote presidente internacional de los exorcistas

 

La Asociación Internacional de Exorcistas es una organización católica fundada en 1993, en la que figura el exorcista más conocido del mundo, el padre Gabriele Amorth. 



El presidente de la Asociación Internacional de Exorcistas, el religioso Giancarlo Gramolazzo, ha muerto a los 65 años en Roma tras una grave enfermedad, según informó hoy Radio Vaticana.

El funeral se celebró este jueves en la iglesia romana de Todos los Santos, presidido por monseñor Gianvanni D"Ercole y concelebrado por unos 60 sacerdotes, con la presencia de familiares, exorcistas y representantes de la Asociación Familia de la Inmaculada, fundada por Gramolazzo.

Nacido en Ortovo, en el norte de Italia, ingresó a los 12 años en la orden de San Luigi Orione, en la que fue ordenado sacerdote en 1973 para más tarde encargarse de la presidencia del Instituto de Huérfanos de Roma-Montemario, labor que compaginaba con su trabajo como exorcista.

"Don Giancarlo fue exorcista y se dedicó a este delicado ministerio durante 30 años, convirtiéndose en presidente internacional de los exorcistas", señala una nota de su instituto.

La Asociación Internacional de Exorcistas es una organización católica fundada en 1993, en la que figura el exorcista más conocido del mundo, el padre Gabriele Amorth, presidente honorario de la misma.

Con informaión de Efe






Dino de Laurentiis monstruos del cine

El productor italiano Dino de Laurentiis, durante la presentación de la película Hannibal.- AFP


Muere a los 91 años el productor Dino de Laurentiis

 

Puso su firma a grandes clásicos del cine italiano como 'La Strada' o 'Arroz amargo' 

 

 Agostino deLaurentiis (1919, Campania, Italia) no era un hombre fácil. Curtido en las tripas del cine italiano gracias a sus colaboraciones con Carlo Ponti en los años cincuenta de Laurentiis aprendió pronto que el productor, el buen productor, debía ser poco paloma y mucho halcón y a lo largo de su vida llevó ese precepto hasta sus últimas consecuencias: de las catacumbas del neorrealismo a las colinas de Hollywood, con eso estaría todo dicho.  




En los últimos rodajes se le veía cansado, puro en boca y muy pendiente de las instrucciones de su esposa, Martha de Laurentiis, un Dino in pectore que hacía de intermediario entre el viejo productor y el director de turno. Su silla -la de Dino- estaba siempre pegada a la del realizador y éste no podía evitar mirar de reojo a derecha e izquierda después de cada toma, buscando la aprobación del tipo del bigote blanco y de su rubísima señora.



De Laurentiis atesoraba en sus alforjas memorables pájaras con señores de la talla de David Lynch, Ridley Scott o David Cronenberg. Esto se debía a la alergia del veterano productor a las "ingerencias creativas", que él consideraba contrarias al alma del negocio y a su afición a las buenas peleas, verbales o de las otras. El ejemplo más famoso de esta curiosa filosofía donde el dinero era la primera y más importante consideración (el arte venía después, un par de escalones más abajo) se produjo con Dune, película que a día de hoy sigue siendo tan maldita como en el momento de su concepción. Cuando se le preguntaba al mencionado Lynch, director de la película, por el asunto en cuestión éste no dudaba en contestar: "esa película no es mía". En cambio cuando se cuestionaba a de Laurentiis por el asunto se limitaba a torcer el gesto, dar una calada al puro e invocar a una memoria fugaz para dar carpetazo al tema. Otras veces se reía, como si al final todo aquello le pareciera una broma sin importancia.



Aún así, a pesar de sus últimos proyectos, rodados en sitios tan alejados de Los Ángeles (donde el cineasta echó raíces después de la descomunal bancarrota de sus estudios en Roma) como Bratislava y Budapest y que en algunos casos fueron a parar directamente al oscuro mundo del formato doméstico, no hay que olvidar que este señor bajito, discreto y de pasos cortos con afición al buen vino y a las mujeres guapas produjo en su momento filmes del tamaño de La Strada (Federico Fellini,1954) , Guerra y Paz (King Vidor, 1956), Serpico (Sidney Lumet, 1973), Ragtime (Milos Forman, 1981) junto a películas de culto tan memorables como Conan El Bárbaro (John Millius, 1982), Manhattan Sur (Michael Cimino, 1985) El ejército de las tinieblas (Sam Raimi, 1992). En su curriculum también sacaban la cabeza títulos como Los tres días del Cóndor (1975), Flash Gordon (1980), La zona muerta (1983) o la mencionada Dune (1984).



A sus 91 años deja a sus espaldas una tropa de enemigos irreconciliables, una maraña de contactos que se fueron esfumando a medida que envejecía y una carrera de más de 160 películas. Dos matrimonios, el primero con la legendaria actriz Silvana Mangano y el segundo con la mencionada Martha, y varios descendientes, entre ellos su hija Raffaella que produce sus propios proyectos en la meca del cine desde 1987.

La estirpe de los productores, ahora sustituida por tipos encorbatados cuya única preocupación son los estudios de marketing y que rara vez asoman la nariz en un rodaje, pierde así a uno de sus representantes más peculiares, un hombre sin ningún afán por resultar simpático que era mitad banquero, mitad cinéfilo y cuyo inglés italianizado fue más que suficiente para plantar ambos pies en Hollywood. No está mal para un tipo que empezó en el mundo del cine haciendo chapucillas cuando apenas contaba con 17 años.

 Con información de "El País.com"